HABEMUS PAPA o las Ceremonias Paganas
Entran en fila, solemnes, con las capas rojas y las
cabezas gachas, pero no en actitud humilde o contemplativa, por el contrario la
vanidad se respira aun a través de la
pantalla. Los observo y tantas cosas se me vienen a la cabeza: las misas de los
domingos con mi padre o, lo que es peor, la de todos los días en el colegio de
monjas. El olor a incienso tan fuerte, tan penetrante, el mareo, la
descompostura típica que supone el estar parados o de rodillas durante largo
rato, el estómago vacío, el necesario flagelo de la confesión con preguntas que
tantas veces han perturbado los pequeños corazones.
Las iglesias en mínimo, muestran la inmoral fastuosidad de quienes hicieron el
milenario negocio de la religión. Impuesta con guerras, persecuciones e
inmoralidades muchas. Aún continúan en la memoria de la historia del hombre las
piras humeantes de la inquisición, y aquí nomas el secuestro y muerte de
Emanuela en 1983, (Emanuela pagina 12 domingo 3 de marzo de 2013).
De los bancos y sus negociados casi todos están contestes,
sin embargo aún se repleta la plaza en Roma para verlo salir (a él) desde un balcón
lejano y jerárquico a fin de ser adorado. Se respeta, pero no se entiende, por
lo menos no yo.
Hubo dos que abonaron con claridad la importancia
del cambio y la pureza, primero Juan XXIII, luego Pablo VI quien dio origen –con
su comprensión y apertura- a la llamada teoría de la liberación que en Latinoamérica
sobre todo, calo muy fuerte. Bastante se construyó entonces. Los que vinieron después,
uno muerto o asesinado (Juan Pablo I), seguido por Juan Pablo II quien se dedicó
en forma exclusiva a destruir la tendencia que propicio Pablo VI. No me voy a
detener aquí, seria para largo, sin embargo hay quienes conocen muy bien la situación
o de no hacerlo, es muy interesante investigarlo. A la muerte del censor le siguió
el nazi Ratzinger más conocido como Benedicto XVI. Ahora, argumentando que
flaquea su cuerpo, huye despavorido frente a los Watiliks que desnudan lo que
muchos suponíamos o teníamos certeza: la corrupción que continúa a pleno.
Tanto Juan Pablo II como Benedicto han dejado
sucesores, y por supuesto uno siembra las plantas que más le gustan. Así como
en nuestra Latinoamérica el Amado Comandante deja un sucesor a Su Altura,
enarbolando la bandera de la Vida y el Socialismo, así también ellos dejaron su
pequeñez en los cardenales más recalcitrantes y conservadores de la iglesia.
¿Cuántas veces flotara en el aire el humo negro de
sus espíritus? No lo sabemos, pero cuando salga el otro, el engañoso blanco,
Dios quiera (y no es irónico pues creo en Dios o como se llame) el futuro Papa
rescate un pequeño fragmento de lucidez y bondad para colaborar con los
sufrientes de la tierra. Pese a mi pesimismo hacia la Iglesia, lo deseo por la humanidad,
y por Emanuela.
Lorena Cormick.-





