jueves, 7 de abril de 2011

Nieta Recuperada Nro 103

Nieta 103 :   “Donde Pongo Todo Este Amor”

El 22 de septiembre de 1997 perdí a mi hijo Federico, tenía 26 años y murió de una aneurisma cerebral. Desbastada, recurrí a una agrupación, “Renacer”,  donde se juntaban padres que habían perdido a sus hijos. Fui a una o dos reuniones nada más, sentía que nada podía aliviarme; sin embargo no olvido a una madre cuya hija de 15 años se había suicidado, ella me dijo “cuando perdí a mi hija me pregunté : ¿Y ahora qué hago con todo éste amor, donde lo pongo?” me conmovió porque fue exactamente lo que yo había sentido aquella madrugada en que me fueron a buscar para llevarme al hospital de Moreno, en donde mi hijo, ya ni fuerte ni sano, yacía en una camilla.
Menos de un mes después mataron a Sebastián Bordón en Mendoza, Sebastián era de Moreno, como nosotros, así que por mi profesión de periodista estuve siempre al lado de sus padres, Miriam y Luis. Se creó lógicamente entre nosotros un lazo profundo. No voy a olvidar nunca cuando en el estudio de la radio, o  de  televisión, debíamos ir a una pausa por el grado de angustia y lágrimas de ambos.
Sin embargo, pese al momento tan personal, tan intransferible, tanto Miriam, Luis como yo teníamos claro que hubo en éste país cosas más terribles que las que nos pasaron a nosotros, siempre hablábamos del tema.
Al mes, mes y medio llamé a Norita Cortiñás por una nota. Le había hecho muchas, la cercanía (ella vive en Castelar) hacía posible el contacto. Cuando le dije lo de Fede ella hizo silencio, y yo, no sé porque, me apresuré a afirmar algo lógico “sé que no se puede comparar lo que te sucedió a vos”;… no me dejó seguir, afirmó con esa voz dulce que la caracteriza “no Lorena, la muerte de un hijo es siempre un drama, sea en la situación que sea”. Frase de una generosidad genuina; porque las madres son eso: generosidad infinita.
Con una determinación –casi inhumana- rondaron cada jueves nuestra histórica Plaza de Mayo durante las peores épocas. Golpearon puertas, exigieron respuestas en todos los ámbitos, a algunas las desaparecieron, a las demás les pusieron el cartel de las locas y aun así, con el terrible dolor a cuestas, con el riesgo constante de vida siguieron y siguieron cada jueves pidiendo por sus hijos.
No se vengaron por mano propia, no crearon espirales de odio como sus verdugos, no dieron ni un tramo de excusa para que las llamen violentas. Solo dieron vueltas –una y otra vez- por la plaza, por las comisarias, por los despachos lustrosos e infames de generales y políticos cómplices, por escritorios de sacerdotes sacrílegos a las palabras de Cristo.
De allí surgieron las abuelas. Aquellas mamás de mamás y mamás de papás a los que les robaron no solo la vida sino también sus hijitos recién nacidos.
Recorrieron el mundo pidiendo ayuda. Comenzaron 12 abuelas a las que se sumaron muchas más. Realizaron mil acciones,  propusieron incorporar a la Convención sobre los Derechos del Niño el derecho a la identidad que fue incluido en los arts. 7 y 8, conocidos por eso como los artículos argentinos. Incorporaron equipos técnicos integrados por profesionales. Cubriendo  los aspectos jurídico, médico, y también  psicológico y genético.
Trabajaron –y trabajan- incansablemente. Estela de Carlotto es la cara visible de muchas abuelas que no cesan en la meta de encontrar a los nietos. Y han tenido logros, nada más ni nada menos que 103 logros. Falta mucho todavía pero este camino no se podrá desandar. Y los nietos encontrados con o contra su voluntad, no solo han recuperado la  identidad sino también la alegría. Aman a sus abuelas (todas lo son) porque los acogen con amor y sin inculcarles el odio por el que fueron apropiados. Los testimonios constantes de éstos chicos –ya adultos por cierto- son el espejo clarísimo de las madres y de las abuelas. Un forma de vida con justicia, pero sin los fantasmas del terror, del rencor, del menosprecio.
Ayer se encontró a la nieta 103. Cuando lo vi en la pantalla de televisión, cuando vi la cara de Estela (que aún no encontró a su propio nieto) pero que como cada restitución brilla de alegría. Cuando vi eso recordé es pregunta que tantas veces me partió el corazón y que ellas resolvieron con tanta sensibilidad y con tanta inteligencia.
¿Y ahora qué hago con todo este amor,  donde lo pongo? En el futuro de cada pibe y cada joven de nuestra Patria, Ahí…ahí lo pongo.



2 comentarios:

GABRIEL dijo...

El amor es la fuerza positiva del mundo...y aunque se transite el dolor por el amor...seguramente habrá en algún lugar del mundo quien lo necesite... y el amor en uno mismo sin salida ..aprisiona el alma y duele..el amor regalado , cedido ;libera, eleva el espíritu y cobra sentido.....Bien por haber elegido como elegiste

Jess dijo...

"Bem-me-quer, mal-me-quer,
Bem-me-quer, mal-me-quer.
Meu chão aos poucos se tornava branco,
Pálido como meu coração, sem saber o porquê.
E sem perceber que não havia mais vida,
Seguia regando a minha margarida."

(Davi Drummond) :)